El país que se ordena desde arriba

En política, el problema no es cambiar.
El problema es no decir que vas a cambiar.

El programa de gobierno de José Antonio Kast prometía orden, crecimiento, seguridad y una implementación gradual, técnica y dialogada de las reformas. No era un programa que hablara de shock, ni de retrocesos abruptos en derechos laborales, ni de una desarticulación silenciosa de los equilibrios institucionales. Incluso, en su performance de campaña muchas veces negó que sería así. Pero eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Porque lo que hoy vemos no es una reforma gradual. Es una secuencia acelerada de decisiones que, bajo el paraguas del “gobierno en emergencia”, están modificando pilares que el propio programa decía respetar.

Lo que NO estaba en el programa

1. No estaba planteado despriorizar o eliminar herramientas de negociación laboral estructural

El programa hablaba de empleo, de dinamismo, de modernización productiva. Pero no planteaba —al menos no de forma explícita— desactivar instrumentos como la negociación colectiva a nivel más amplio o reducir el rol de mediación del Estado.

Muy por el contrario, se hablaba de enfrentar una “emergencia laboral” con foco en oportunidades, especialmente para grupos vulnerables. No de debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores.

Hoy, sin embargo, el camino es otro:
menos negociación estructural, más atomización: una Dirección del Trabajo que pierde peso político, y un Estado que deja de equilibrar para pasar a administrar.

No se habló de imponer cambios estructurales bajo lógica de urgencia permanente

El propio programa rechazaba las soluciones “impuestas desde arriba” y enfatizaba el diálogo y el realismo político. Hoy, en cambio, el concepto de “emergencia” se ha transformado en una herramienta política para acelerar decisiones sin el mismo nivel de deliberación. Y ahí hay un quiebre evidente:
no es gradualidad, es imposición con relato de urgencia.

Lo que se empieza a configurar no es una simple desviación táctica. Es algo más profundo:
un cambio de dirección que no fue explicitado al electorado.

Se prometió orden con reglas claras.
Se está ejecutando orden con concentración de decisiones.

Se prometió crecimiento con estabilidad.
Se está avanzando con ajustes que golpean siempre a los mismos.

Se prometió gradualidad.
Se está aplicando velocidad.

cuando un gobierno llega con un programa que habla de diálogo, gradualidad y fortalecimiento institucional —y luego actúa en sentido contrario—, lo que se rompe no es solo una promesa. Se rompe la confianza básica entre ciudadanía y poder. Al menos entre quienes votaron por esa opción y que difícilmente puedan soportar, porque la confianza a diferencia de los indicadores económicos, no se recupera con crecimiento.

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